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El gran debate


David Brading, “Chap. 4 The Great Debate”, The First America. The Spanish Monarchy, Creole Patriots, and the Liberal State 1492-1867. Cambridge: Cambridge University Press, 1991, pp. 79-101

David Brading dedica el capítulo 4 de su libro The First America al debate más importante en la historia de la colonización española. Protagonizado por fray Bartolomé de Las Casas y Juan Ginés de Sepúlveda, puede decirse que este debate marcó la política, el derecho y el comercio internacional hasta nuestros días.

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Retrato de Juan Ginés de Sepúlveda. Fuente

Brading expone los antecedentes más importantes y se detiene en los argumentos más significativos. De la misma manera que lo hizo en los capítulos anteriores con los cronistas, Brading distingue dos posiciones: los autores influenciados por la filosofía del norte de Europa, principalmente erasmistas como Tomás Moro y Juan Luis Vives, que encontraban poco provecho y honor en la guerra, y los humanistas del sur como Ginés de Sepúlveda o Gómara, ávidos de celebrar las hazañas de guerreros y reyes (p. 86).

 

La primera defensa bien articulada de la justicia de la conquista fue formulada por Juan López de Palacios Rubios (1450-1524), en su tratado De las islas del mar Océano. Doctor en cánones, Palacios Rubio basa su defensa sobre la teología escolástica y en las obras de Aristóteles, Tomás de Aquino (en realidad en De regimine principum, obra de Ptolomeo de Luca, atribuída a Aquino) y en John Mair, profesor de la Sorbona. Palacios Rubios afirmaba que los indígenas eran hombres libres, pero estaban gobernados por las pasiones. Así, la conquista se justificaba por la necesidad de dotar a los indígenas con un gobierno justo (p. 80). Basado en los trabajos del canonista Enrique de Susa y del teólogo Agustín de Ancona, también afirmaba que la donación alejandrina era legítima pues el papa era la autoridad suprema de toda la cristiandad. Ello le daba el poder de despojar de sus tierras a los reyes paganos y de esa manera asegurar que la población se conviertiera al cristianismo (p. 81).

Palacios Rubios también es el autor del Requerimiento, una aberración jurídica consistente en leer a los indígenas americanos una exhortación para reconocer al rey de España como amo legítimo. Brading nota que en el texto del Requerimiento Cristo no es mencionado, lo que se explica por la importancia de las funciones del papa, quien lo ha substituido (p. 81).

Los críticos más importantes de la conquista fueron, sin duda, los seguidores de Erasmo de Rotterdam y de Tomás Moro. Uno de ellos, Juan Luis Vives, publicó en 1529 una obra titulada Concordia et discordia, dedicada a Carlos V, en la que critica la gran violencia de la conquista y de la colonización (p. 82). La obra de Vives estaba muy influenciada por la de Agustín de Hipona, pero al contrario de Agustín, Vives coloca la justicia en el centro de la vida pública. Como modelos de vida al servicio del Estado tomó a los héroes republicanos de Roma (p. 83).

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Retrato de Juan Luis Vives. Fuente

Diez años más tarde, en 1539, Francisco de Vitoria publicó su Relectio de Indis, en la que retomó la filosofía tomista y la aplicó a la conquista de América. Vitoria desarrolló un argumento filosófico profundo sobre la igualdad entre cristianos y paganos partiendo del argumento tomista según el cual gracia y naturaleza se complementan. Esta premisa elimina la dualidad cristiano-pagano pues, al ponerse en práctica, las sociedades paganas no son reducidas a su religión, sino más bien completadas por su sistema político y social (p. 83). Este argumento también le permite eliminar los argumentos de la idolatría y de la monarquía universal del Papa. Vitoria encontró en la jurisprudencia romana los principios de aplicación de la ley natural que permiten la convivencia entre todas las naciones, incluídas las americanas; pero también encontró en ellos los principios por los que las naciones cristianas están autorizadas a predicar el Evangelio, proteger a los cristianos y luchar contra las conductas contrarias a la ley natural (p. 84). En consecuencia, la única justificación de la presencia española en América era la predicación del Evangelio y la enseñanza de “las artes de la civilización”. El mérito de este argumento es que el debate sobre la conquista se desplazó de la naturaleza de los indígenas hacia la calidad de la sociedad indígena (p. 85).

La figura de Ginés de Sepúlveda permanece bastante en la oscuridad. Según Brading, a pesar de su visión negativa de la sociedad indígena, hay que conceder que realizó una descripción de ella apegada estrictamente a los principios humanistas (p. 87). Contrario a lo que se piensa, su argumentación no pidió el esclavizamiento inmediato de los indígenas ni aprobó los crímenes de los conquistadores; pero en su lógica humanista era imposible dejar de subrayar la servitud india y la virtud española (p. 88).

De entre todas las obras de este período que discuten la justicia de la conquista, la más importante es sin duda la Apologética historia sumaria de fray Bartolomé de Las Casas. Publicada en 1536, esta obra es considerada el primer ensayo de antropología comparada. Las Casas tomó su información de obras clásicas europeas y de cronistas americanos, estableciendo un cuadro teórico que le permitió analizar una sociedad no cristiana (p. 89).

En su Historia de las Indias (1517), Las Casas había intentado mostrar el valor de la cultura indígena justificando al mismo tiempo la presencia española en América. Hay que recordar que la corona había financiado un proyecto de Las Casas en Cumaná. Por ello, explica Brading, Las Casas “asumió una ingenuidad teórica” (p. 96). Las Casas basaba su argumento en la donación papal de 1493: si bien Vitoria había establecido que el papa no tenía poder temporal, según Las Casas tenía poder espiritual. Y puesto que el papa tenía como parroquia todo el mundo, entonces el rey español tenía como derecho predicar la religión cristiana con la autorización papal (p. 95). Así, la donación papal quedó redifinida como la creación de un nuevo Sacro Imperio en las Indias, de la misma manera que se había creado el Sacro Imperio Romano Germánico en el siglo VIII y se habia coronado a Carlomagno como emperador (p. 96).

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Jean Théodore de Bry (grab.), Bartolomé de las Casas (texto), [Illustrations de Narratio regionum Indicarum per Hispanos quosdam devastattarum], Plancha 50. Españoles conquistadores haciendo trabajar y maltratando a los indígenas. Indios antropófagos. Fuente
Al final de su vida, en su obra Los tesoros del Perú, aunque seguía defendiendo la presencia española, lo hacía usando un argumento radicalmente distinto: el consentimiento popular. Según Las Casas, ningún rey puede alienar su soberanía sin consultar a su pueblo. Así, ni Moctezuma ni los reyes incas podían ceder el reino sin antes haber obtenido la aprobación de sus respectivos pueblos (p. 97). La violencia con la que habían sido conquistados ambos reinos, y que continuaba, justificaban la devolución de ambas soberanías (p. 98).

En resumen, Brading explica que la particularidad de Las Casas reside en haber retomado la filosofía de Cicerón y en consecuencia, haber colocado la justicia en el centro de la comunidad cristiana; al mismo tiempo, rechazó la doctrina agustiniana sobre el acuerdo de voluntades. La teoría de Vitoria, retomada por Las Casas para defender los derechos de los pueblos indios se oponen frontalmente a la teoría voluntarista de Agustín, lo que permitió a Las Casas articular su defensa de los indios (p. 100).

Hablamos de la Introducción y del capítulo 1 por acá.
El capítulo 2, acá
El capítulo 3, aquí.

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