Piero di Cosimo, Vulcano y Eolo educadores de la humanidad (ca. 1495-1500). Fuente

Coleccionista o arquéologo


Alain Schnapp, “Introduction. L’archéologie et la présence du passé”, La conquête du passé. Aux origines de l’archéologie. Paris: Carré, 1993, 11-38

Alain Schnapp, arqueólogo francés nacido en 1946 es considerado hoy una de las grandes autoridades en su campo de estudios. Alumno de Paul Vidal-Naquet, Schnapp es profesor de arqueología griega en la Universidad París 1 y fue director del Instituto Nacional de Historia del Arte (INHA). La conquête du passé es uno de sus libros más conocidos y en él presenta una larga y rica reflexión sobre la historia de la Arqueología y su relación con la Historia.

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Piero di Cosimo, Vulcano y Eolo educadores de la humanidad, (ca. 1495-1500). Fuente

El coleccionista

En la introducción, Schnapp comenta los rasgos comunes entre la Arqueología y el coleccionismo estableciendo así el cuadro de trabajo del libro. El coleccionismo es un fenómeno cultural difundido en todas las civilizaciones. De alguna u otra manera, todas las sociedades han desarrollado algún tipo de colección. Normalmente, es la historia del arte se ha interesado en el estudio de este fenómeno, pero como lo demuestra Schnapp, la arqueología puede estudiarlo y mostrar nuevos puntos de vista: en el fondo, el arqueólogo tiene mucho de coleccionista.

Para Alain Schnapp el coleccionismo y la arqueología son dos maneras de “dominar” el pasado. Ni el arqueólogo ni el coleccionista, dan gran importancia a la antigüedad real o presumida de los objetos: lo que importa es el estatus del objeto coleccionado, su puesta en perspectiva, cómo es conservado, expuesto o protegido del público. Una gran diferencia entre ambos personajes es la autonomía: mientras que el coleccionista está abandonado a sus propios recursos, el arqueólogo debe rendir cuentas al Estado y al público (p. 13). De ahí que las actividades del arqueólogo por lo regular sean financiadas por instituciones públicas. Y de ahí también que la actividad arqueológica pueda ser relacionada con una labor de legitimación histórica.

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El ejército de terracota del emperador Qin Shihuang, siglo III a.C. Fuente

Además, aunque ambos estudian la memoria, lo hacen desde diferentes perspectivas:

Para establecerse y durar, la memoria necesita el suelo. Que el relato sea inscrito en la piedra, el ladrillo o el pergamino, vaciado en la memoria gracias al arte de bardos o poetas, el relato fundacional debe apoyarse en un soporte territorial, recordar una realidad sellada al suelo.

(…) frontera sutil que separa al arqueólogo de la colección: no basta para el arqueólogo que los objetos tengan sentido, también hay que relacionarlos con un lugar, un espacio, prácticas singulares, asignables, interpretables (p. 25).

El arqueólogo

La arqueología es una ciencia de los objetos y de su interpretación y se interesa particularmente en aquéllos objetos que dejaron de ser signos de poder. Cuando pierden ese estatus, los objetos se convierten en elementos de la historia y es entonces cuando se vuelven objeto de estudio de la arqueología (p. 28-27). El método arqueológico ha ido evolucionando de la mano de la historia. Schnapp distingue tres etapas (p. 36):

  1. Durante el siglo XVI y XVII, los objetos son fuentes históricas, directas, palpables, indiscutibles, máquinas del tiempo. Por ello hay que ver y describir el objeto in situ, directamente en el lugar donde se encuentra; hay que tomar sus medidas, dibujar su anatomía. Por ejemplo, el anticuario Ole Worm, escribe en 1638 una carta al obispo Stavanger pidiendo un estudiante que describa una serie de objetos.
  2. Durante el siglo XVIII la arqueología evoluciona gracias a los estudios de eruditos como el conde de Caylus: la comparación por aproximación y los efectos del contacto con la naturaleza.
  3. En el siglo XX, la llegada de la estratigrafía permite una tercera evolución.

Pero antes del siglo XVI, mucho antes, ya existía una reflexión sobre la actividad arqueológica. En Las leyes, Platón afirma que las antiguas civilizaciones desaparecieron tras un cataclismo, pero cuando los sobrevivientes encontraron sepultadas algunas de las herramientas de los antepasados, poco a poco aprendieron a usarlas y la agricultura y la ganadería renacieron. Este relato concibe la evolución social ligada al suelo y a los vestigios que se encuentran en él. Más tarde, Tucídides formuló la regla básica de observar y comparar para atribuír correctamente a las sociedades pasadas los objetos que fueran encontrados en el suelo (p. 26).

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Lista de los reyes de Larsa. Museo del Louvre. Fuente

La actividad arqueológica más antigua de la que se tenga noticia está registrado en una tabla cuneiforme encontrada en Larsa, Irak. Fechada en el siglo VI a.C., el texto de la tabla es un testimonio del cuidado que tenían los babilonios por “establecer una legitimidad histórica y la continuidad dinástica” del reino (p. 13). En particular, se trata del rey Nabonido, quien ordenó la búsqueda de monumentos que certificaran su pertenencia a la ya entonces vieja continuidad de soberanos. De esta manera, las excavaciones emprendidas y los hallazgos realizados bajo sus órdenes no sólo sirvieron para encontrar la memoria que pudiera legitimarlo, sino también para ponerla en marcha (p. 18). Cuando Nabonido halló el templo de sus antepasados, no sólo lo restauró, sino que agregó elementos propios. Así, hizo del pasado un lugar vivo para controlarlo, sino que también aseguró su lugar en el futuro, pues los elementos agregados serían contemplados en el futuro como la marca que él mismo dejó (p. 18).

La idea de asegurarse un lugar en el futuro también aparece en la arquitectura egipcia y china. Las pirámides y los mausoleos de ambas culturas fueron construidos para resistir al clima, las catástrofes naturales y otros demoledores potenciales. Pero sobre todo, para esconder las riquezas que acompañan al difunto: “En la tumba, el monumento se muestra y los objetos se esconden, pero su presencia es evidente” (p. 19).

En Grecia, la búsqueda de la perennidad tuvo lugar en las artes plásticas. Pero la innovación griega consistió en extender la búsqueda a las creaciones inmateriales. Píndaro, por ejemplo, opuso la memoria – más precisamente “la autonomía de la memoria” – a los monumentos materiales: un poema, afirmó, posee un carácter incorruptible (p. 23). Del otro lado del mundo, los habitantes de las Islas Nuevas Hébridas también buscaron la perennidad a través de la memoria: la historia del colonizador primigenio Roy Mata fue conservada en un poema épico que fue preservado de generación en generación. Gracias a este poema, el arqueólogo José Garanger pudo encontrar la tumba del rey mítico Roy Mata (p. 24).

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